viernes, 3 de febrero de 2012

Llamado a la admiración e interrogación




Podemos interpretar la capacidad de admiración como la habilidad que tienen las personas para asombrarse con uno o varios eventos, sin embargo dicha capacidad no es generalizada, hay quienes, para sentir admiración necesitan ver a Alain Robert, “el hombre araña francés”, escalar los edificios más grandes del mundo, existe también quien se sorprende por el hecho de que estos edificios estén construidos, o quien se fije en la habilidad de las arañas y otros artrópodos en escalar sin ayuda todo tipo de rascacielos proporcionales a su tamaño o incluso al nuestro. Al sentir admiración por algo nos vemos en la necesidad de observarlo más detenidamente e intentar comprenderlo, es en este justo momento donde nace otra de nuestras grandes cualidades: la capacidad de interrogación. Al igual que la admiración la interrogación tampoco es un programa con opciones limitadas instalado en cada persona, las preguntas que creamos dependen de cada individuo y de su historia como tal.

El amanecer, evento que en teoría ocurre 365 veces al año puede ser usado fácilmente como ejemplo pues hay personas que completan su viaje alrededor del sol sin preguntarse una sola vez sobre este suceso astronómico. Sin embargo encontramos una cantidad de preguntas derivadas de este acontecimiento, hay preguntas como el ¿por qué ocurre?, o ¿siempre va a ocurrir?, que demuestran directamente nuestra preocupación sobre el beneficio que nos ofrece contemplar cada mañana el astro solar, existen preguntas algo menos frecuentes en nuestra sociedad como ¿en cuántos países anochecerá al tiempo que amanece en el nuestro? o ¿cuántas personas contemplarán este mismo amanecer mientras yo lo observo?  Estas preguntas nos ayudan a mantener la capacidad de admiración y la posibilidad de derivar de cada uno nuevos interrogantes.

Durante la historia de la humanidad son responsables de nuestros grandes avances científicos, tecnológicos, filosóficos y culturales las capacidades de admiración y de interrogación, pues bien, admiramos el vuelo de las aves e insectos, nos preguntamos como lo hacen, construimos nuestras tesis y finalmente imitamos y perfeccionamos cada día más estos sucesos. No sólo encontramos asombro en la naturaleza o nuestro medio físico como tal, admiramos también nuestros errores y limitantes, interrogamos sobre los mismos y llegamos a grandes descubrimientos, por ejemplo, el bacteriólogo Alexander Fleming que convirtió un cultivo de bacterias “echado a perder” en uno de los más grandes adelantos médicos de la historia (el descubrimiento de las cualidades antibióticas de la penicilina); o el Francés Nicolas Appert quien haciéndose preguntas logró resolver la limitante que se tenía en su época para transportar alimentos durante largo tiempo sin que estos se echasen a perder, su solución: los alimentos enlatados en el año de 1.810.

Las capacidades de admiración e  interrogación no sólo repercuten nuestra existencia con beneficios materiales, es hoy cuando grandes pensadores y humanistas de nuestra época expresan su preocupación por el proceso de cosificación de la vida humana donde debemos sentir admiración por estar vivos y debemos interrogarnos sobre el motivo de esta vida, hoy cuando de verdad vemos que las personas e incluso las comunidades no tienen ideales propios es cuando debemos frenar la cotidianidad, revisar nuestra historia, replantear el objetivo, redefinir el camino y más importante aún, contagiar a los demás, de este modo encontraremos un verdadero motivo para nuestra existencia logrando quizás vivir y no perecer en nuestro cotidiano esfuerzo de sobrevivir.
VHCD.

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