Podemos interpretar la capacidad de admiración como la
habilidad que tienen las personas para asombrarse con uno o varios eventos, sin
embargo dicha capacidad no es generalizada, hay quienes, para sentir admiración
necesitan ver a Alain Robert, “el hombre araña francés”, escalar los edificios
más grandes del mundo, existe también quien se sorprende por el hecho de que
estos edificios estén construidos, o quien se fije en la habilidad de las arañas
y otros artrópodos en escalar sin ayuda todo tipo de rascacielos proporcionales
a su tamaño o incluso al nuestro. Al sentir admiración por algo nos vemos en la
necesidad de observarlo más detenidamente e intentar comprenderlo, es en este justo
momento donde nace otra de nuestras grandes cualidades: la capacidad de
interrogación. Al igual que la admiración la interrogación tampoco es un
programa con opciones limitadas instalado en cada persona, las preguntas que
creamos dependen de cada individuo y de su historia como tal.
El amanecer, evento que en teoría ocurre 365 veces al año
puede ser usado fácilmente como ejemplo pues hay personas que completan su
viaje alrededor del sol sin preguntarse una sola vez sobre este suceso
astronómico. Sin embargo encontramos una cantidad de preguntas derivadas de
este acontecimiento, hay preguntas como el ¿por qué ocurre?, o ¿siempre va a
ocurrir?, que demuestran directamente nuestra preocupación sobre el beneficio
que nos ofrece contemplar cada mañana el astro solar, existen preguntas algo
menos frecuentes en nuestra sociedad como ¿en cuántos países anochecerá al
tiempo que amanece en el nuestro? o ¿cuántas personas contemplarán este mismo
amanecer mientras yo lo observo? Estas
preguntas nos ayudan a mantener la capacidad de admiración y la posibilidad de
derivar de cada uno nuevos interrogantes.
Durante la historia de la humanidad son responsables de nuestros
grandes avances científicos, tecnológicos, filosóficos y culturales las
capacidades de admiración y de interrogación, pues bien, admiramos el vuelo de
las aves e insectos, nos preguntamos como lo hacen, construimos nuestras tesis
y finalmente imitamos y perfeccionamos cada día más estos sucesos. No sólo
encontramos asombro en la naturaleza o nuestro medio físico como tal, admiramos
también nuestros errores y limitantes, interrogamos sobre los mismos y llegamos
a grandes descubrimientos, por ejemplo, el bacteriólogo Alexander Fleming que
convirtió un cultivo de bacterias “echado a perder” en uno de los más grandes adelantos
médicos de la historia (el descubrimiento de las cualidades antibióticas de la
penicilina); o el Francés Nicolas Appert quien haciéndose preguntas logró
resolver la limitante que se tenía en su época para transportar alimentos
durante largo tiempo sin que estos se echasen a perder, su solución: los
alimentos enlatados en el año de 1.810.
Las capacidades de admiración e interrogación no sólo repercuten nuestra
existencia con beneficios materiales, es hoy cuando grandes pensadores y
humanistas de nuestra época expresan su preocupación por el proceso de
cosificación de la vida humana donde debemos sentir admiración por estar vivos
y debemos interrogarnos sobre el motivo de esta vida, hoy cuando de verdad
vemos que las personas e incluso las comunidades no tienen ideales propios es
cuando debemos frenar la cotidianidad, revisar nuestra historia, replantear el
objetivo, redefinir el camino y más importante aún, contagiar a los demás, de
este modo encontraremos un verdadero motivo para nuestra existencia logrando
quizás vivir y no perecer en nuestro cotidiano esfuerzo de sobrevivir.
VHCD.